El poema que te regalé cuando cumpliste veintitrés años

Esta tarde, ordenando cajones y estanterías,
haciéndole un hueco a la que seré
entre libros infantiles y discos de Coltrane,
he encontrado el poema que te regalé
el día que cumpliste veintitrés.

Aquel poema iluso y torpe,
que escribí en julio con tinta azul,
quizá intentando combinarlo con el mar
del verano que se escapaba mientras sonaba M-Clan
y guardábamos besos furtivos en un baúl.

Aquel poema desnudo en el que escribí,
con el corazón boca abajo,
que viviría veintitrés días,
luchando tus guerras
con tus sábanas hechas trincheras.

Aquel poema con risa nerviosa,
que te pedía que te quedaras un poco más,
veintitrés días o veintitrés vidas,
mientras se le escapaban de entre los dedos,
tu olor y tus ganas de estar.

Y yo, que me he encontrado esta tarde,
con mi versión más sencilla y cándida,
escondida y empapada en rubores de rabia
entre libros infantiles y discos de Coltrane,
¿qué podía hacer sino escribirle un poema?

Un poema sencillo
para mi versión más sincera,
que regala canciones y poemas,
que se enamora quizá muy rápido,
que se rompe con la misma firmeza.

¿Cuántos poemas dedicaré?
¿Cuántas veces me desnudaré
y me derramaré en versos
esparcidos en una hoja de papel
que guardarán en un cajón?

Realmente no somos tan diferentes,
ya sabes, yo y la del poema del cumpleaños,
ambas de dudas crónicas,
de amar con fe ciega,
de preguntas sin respuestas.

Así que guardaré con cariño
esa parte de mí que te regalé
en forma de versos torcidos
aquel día de sal de verano
en el que cumpliste veintitrés años.

Comentarios

Entradas populares