Diciembre
Qué pensarán
las calles frías de diciembre,
las farolas arropadas
por el rocío de la mañana,
la estatua gris de la plaza,
observando mi paso ligero
y mi mirada abstraída.
Frío.
Frío que espera inquieto
a que abra la puerta,
intangible que se palpa y quema.
Incendios de campanadas
al unísono con la chimenea.
Ojalá tener su bravura.
Se me abre el pecho,
y huyen afanosos los cuervos,
pero también las golondrinas.
Las rosas y las espinas
se queman dentro con el fuego,
ahora bailando con el aire gélido
que se cuela por la herida.
Te veo
en inciensos que se consumen,
en páginas amarillentas de libros
que volteo una y otra vez,
en el vaho que se escapa para no volver,
y en manos que se esconden
huérfanas en los abrigos.
Brindemos
por las rosas y las espinas,
por el aire gélido que agrieta mi garganta,
como se agrietaron mis dedos
al rozar tu cuello,
y por las calles frías,
testigos de miradas que siguen perdidas.
las calles frías de diciembre,
las farolas arropadas
por el rocío de la mañana,
la estatua gris de la plaza,
observando mi paso ligero
y mi mirada abstraída.
Frío.
Frío que espera inquieto
a que abra la puerta,
intangible que se palpa y quema.
Incendios de campanadas
al unísono con la chimenea.
Ojalá tener su bravura.
Se me abre el pecho,
y huyen afanosos los cuervos,
pero también las golondrinas.
Las rosas y las espinas
se queman dentro con el fuego,
ahora bailando con el aire gélido
que se cuela por la herida.
Te veo
en inciensos que se consumen,
en páginas amarillentas de libros
que volteo una y otra vez,
en el vaho que se escapa para no volver,
y en manos que se esconden
huérfanas en los abrigos.
Brindemos
por las rosas y las espinas,
por el aire gélido que agrieta mi garganta,
como se agrietaron mis dedos
al rozar tu cuello,
y por las calles frías,
testigos de miradas que siguen perdidas.
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