Ahora que es de noche
Ahora que es de noche
Ahora que es de noche,
que solo queda un silencio fallido
por el llanto de las botellas rotas
y el movimiento del calendario en la pared.
Ahora que es de noche
le pregunto a la luna
si alguna vez dejaré de lucharme,
y ella me dice que no esta noche.
Esta noche dejaré que se seque la furia
de los versos torcidos
que he dejado encima del escritorio,
y tal vez se calmen al alba.
Tal vez al alba no esté tan muerta de frío.
Tal vez me vista de piedra clara,
y se me curen las heridas del alma,
pero todavía me queda el clímax de esta noche fría.
Esta noche, que tú estás muy lejos,
y yo me veo intentando
engañar al vértigo,
que ya es íntimo de mi carne abierta.
Esta noche dormiré
con el corazón boca abajo,
y pensaré en todo lo que me queda por decirte,
aunque esta vez quizás duela demasiado.
.
.
.
Rubores de rabia
Al alba me he despertado
empapada en rubores de rabia.
En el clímax de la noche fría,
cerré los ojos, pensando en todo
lo que me quedaba por decirte.
Y las botellas rotas,
la luna,
el calendario,
contuvieron la respiración.
Te vi a ti,
y el verde de tus ojos parecía hablar,
y yo supe que eras mi hogar.
Hogar.
Esa palabra tenía más sentido ahora,
y yo ya no tenía frío.
Pero entonces tú cerraste los ojos.
Tú, que te enamoraste a primera vista,
cerraste los ojos.
Y te supliqué que te quedaras a escucharme,
te pedí que no nos incendíaramos,
te prometí abrazos de franela.
Pero ya no volverías a ser mi hogar.
Y me quedé sujetando tu recuerdo
como el que sujeta un ramo de flores marchitas
a las que han tratado mal.
Me desperté al alba,
empapada en rubores de rabia.
Ahora que es de noche,
que solo queda un silencio fallido
por el llanto de las botellas rotas
y el movimiento del calendario en la pared.
Ahora que es de noche
le pregunto a la luna
si alguna vez dejaré de lucharme,
y ella me dice que no esta noche.
Esta noche dejaré que se seque la furia
de los versos torcidos
que he dejado encima del escritorio,
y tal vez se calmen al alba.
Tal vez al alba no esté tan muerta de frío.
Tal vez me vista de piedra clara,
y se me curen las heridas del alma,
pero todavía me queda el clímax de esta noche fría.
Esta noche, que tú estás muy lejos,
y yo me veo intentando
engañar al vértigo,
que ya es íntimo de mi carne abierta.
Esta noche dormiré
con el corazón boca abajo,
y pensaré en todo lo que me queda por decirte,
aunque esta vez quizás duela demasiado.
.
.
.
Rubores de rabia
Al alba me he despertado
empapada en rubores de rabia.
En el clímax de la noche fría,
cerré los ojos, pensando en todo
lo que me quedaba por decirte.
Y las botellas rotas,
la luna,
el calendario,
contuvieron la respiración.
Te vi a ti,
y el verde de tus ojos parecía hablar,
y yo supe que eras mi hogar.
Hogar.
Esa palabra tenía más sentido ahora,
y yo ya no tenía frío.
Pero entonces tú cerraste los ojos.
Tú, que te enamoraste a primera vista,
cerraste los ojos.
Y te supliqué que te quedaras a escucharme,
te pedí que no nos incendíaramos,
te prometí abrazos de franela.
Pero ya no volverías a ser mi hogar.
Y me quedé sujetando tu recuerdo
como el que sujeta un ramo de flores marchitas
a las que han tratado mal.
Me desperté al alba,
empapada en rubores de rabia.
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